Humedales: la lucha entre el fuego y el agua

Por Victoria Foglino


Si sos argentino, es muy posible que hayas estado en un humedal más de una vez. El término “humedales” parece haber nacido hace poco y acaparado mucha atención. Se escucha frecuentemente que el fuego los amenaza y hay manifestaciones para protegerlos. Esta nota tiene como objetivo explicar brevemente su importancia y dos medidas particulares para su preservación.

Cuando pensamos en una selva, un desierto o un bosque, solemos asociarlos con una imagen mental. Los humedales no siempre tienen ese mismo anclaje, o, a lo sumo, se los asocia con una imagen pantanosa y plagada de mosquitos. Esto tiene que ver con que el término humedal es reciente (aún fuera del castellano) y su definición no es evidente.

Para definirlos no detalladamente, puede decirse que los humedales son ecosistemas naturales, que tienen la particularidad de ser diferentes de los ecosistemas terrestres y acuáticos. No son necesariamente transiciones entre estos ecosistemas, sino que tienen características propias, que los diferencian de unos y otros.

Comparten entre sí que están inundados con agua (que puede provenir de la lluvia o del desborde de los ríos, por ejemplo) por períodos considerables de tiempo. El agua en los humedales es un elemento clave, que determina sus características. Las plantas, los suelos, los animales y los organismos están adaptadas a las condiciones de inundación o de alternancia entre períodos de inundación y de sequía, que también pueden darse en los humedales.

La definición de los humedales es muy inclusiva, en Argentina incluye ambientes en la Puna de Jujuy, en San Clemente del Tuyú, en los Esteros del Iberá y en el Delta del Paraná.

Nadie puede valorar lo que no conoce o no entiende. Voy a focalizarme en dos funciones para explicar la importancia de los humedales. Desde ya, hay varias que se dejan de lado.

Regulación y suministro del agua

Los organismos que viven en los humedales están “preparados” (adaptados) para vivir ahí. Por ejemplo, la “piel”, las hojas, las flores y las raíces de las plantas de los humedales son distintas a las de los ambientes terrestres. Están adaptadas a tener agua alrededor durante un tiempo considerable y pueden absorberla. Esto pasa también con los animales y los otros organismos que viven en esos ambientes. Como consecuencia, los pulsos de agua que entran en el humedal se absorben. Los humedales actúan como esponjas, el agua atraviesa el humedal y se filtra; si queda algo de agua al terminar de circular por el humedal, sale con menor velocidad y volumen. Esto trae dos beneficios.

Por un lado, el suministro de agua. Los humedales son fuentes de agua, no sólo inmediata y superficial, sino que también subterránea, porque el agua se filtra por el suelo y recarga los acuíferos, donde permanece más tiempo.

Por otro lado, la regulación de las inundaciones. Como el agua se retiene en los humedales, si estos se reducen (o se eliminan totalmente), los pulsos de agua no se amortiguan y entran directamente en ambientes que no están preparados para absorber tanto volumen o agua que ingresa con alta velocidad. Esto puede causar inundaciones en zonas no preparadas para ellas.

Regulación climática

Puede decirse que los humedales mitigan el aumento de la temperatura. Esto se debe a la absorción de agua y a la fotosíntesis. Cuando el agua se absorbe, tiene lugar el ciclo del agua, que incluye también la evaporación. Cuando el agua se evapora, la temperatura disminuye.

Por otro lado, la fotosíntesis que realizan las plantas de los humedales consume CO2. Este es un Gas de Efecto Invernadero, y está vinculado al cambio climático. Entonces, puede decirse que las plantas del humedal son un sumidero de CO2 (que es lo mismo a decir que consumen CO2).

Si los humedales son agua, ¿por qué los amenaza el fuego?

Para estos dos párrafos, voy a hacer foco en la zona del bajo Paraná, que es el humedal que estuvo siendo foco de los incendios. Es una zona donde coexisten muchos intereses. Actividades como la agroganadería, el turismo y la inmobiliaria se están impulsando con mucha presión. Esto significa que se están expandiendo a zonas que no están preparadas para mantenerlas o, al menos, no para mantenerlas tan intensamente. Por ejemplo, en la zona del Delta del río Paraná siempre se hizo ganadería “de isla”, pero hoy hay presión para que el ganado pueda estar todo el año, sin respetar los pulsos naturales de inundación y sequía del río. Para poder desarrollar ganadería todo el año, el humedal se tiene que recortar (o eliminar). Los humedales tienen mucho “combustible”, y el fuego se presenta como un medio barato que homogeneiza y logra hacer desaparecer esos ecosistemas. En el delta, este año hay una marcada sequía (falta de lluvia) y bajada del río. Esto ayuda la propagación del fuego, que no encuentra los cursos de agua que suelen actuar como cortafuegos naturales, y complica las tareas de extinción.

Se puede hablar extensamente de las consecuencias de los incendios en el ambiente. En líneas generales, lo importante es que, en un incendio, se quema el combustible (los recursos de los humedales) y se libera CO2. Entonces, en vez de funcionar como sumidero de CO2, los humedales se transforman en fuentes emisoras de CO2, acelerando más el cambio climático.

Medidas

Me gustaría explicar dos medidas particulares que se mencionan para proteger a los humedales.

En primer lugar, la ley de presupuestos mínimos de los humedales ¿Por qué se dice que las leyes son de presupuestos “mínimos”? El ambiente argentina se gestionado de forma federal, lo que quiere decir que cada provincia tiene dominio de los recursos naturales que existen en su territorio. La protección mínima se refiere a que hay un umbral básico de protección ambiental que rige uniformemente en toda la nación. Es un piso inderogable que garantiza a todo habitante una protección ambiental mínima, independientemente de la provincia en que se encuentre.

Ahora bien, en Entre Ríos (por ejemplo), ya existe una ley que prohíbe los incendios intencionales, eventualmente si se quiere hacer fuego hay que pedir permiso. Esta ley y tantas otras no se están cumpliendo. Con esto quiero decir que la ley de humedales por sí misma no va a ser la panacea, hace falta acompañarla con política, gestión ambiental y el interés real de la sociedad.

En segundo lugar, el Ordenamiento Territorial Ambiental (OAT). Este es un instrumento a nivel nacional, que, según las características ambientales y socioeconómicas de cada región, admite el desarrollo de actividades y prohíbe el de otras. Por ejemplo, no se debería permitir que un área natural protegida de una provincia reciba las emisiones de gases tóxicos de una industria de una provincia vecina (o de ninguna industria).

En el de la zona del Delta de Paraná, no se debería permitir desarrollos inmobiliarios de ciertas características. Hoy en día se rellenan zonas inundables y se impermeabiliza el terreno para construir barrios cerrados. Eso hace que la zona (que es naturalmente inundable, por ser un humedal), no reciba las inundaciones porque se elevó con el relleno, pero sí las reciben las zonas vecinas (que, además, suelen ser las más pobres). Un OAT no debería permitir la construcción de terrenos que impermeabilizan las superficies en zonas inundables.

Conclusión