Repensando las ciudades. Los ríos urbanos


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Por: Lic Gabriel Giacobone


Reserva Ecológica costanera sur (CABA).


Hace muchos años que las ciudades están siendo muy poco amigables con el ambiente y por ende con sus habitantes. Les propongo que imaginen crear su ciudad ideal: cálida, saludable y la más linda…, todos los sueños tienen una imagen de algún lago o arroyo con árboles.


Entonces: por qué es tan poco común verlos en la realidad. Por qué molestan tanto los arroyos urbanos en las grandes ciudades, tanto que no sabemos que existen.

La mayoría de las ciudades del mundo, por lo menos las que tienen más de 100 años, están desarrolladas gracias a un cuerpo de agua dulce, sea este un arroyo, un río, lago o laguna. Y todos estos cuerpos, salvo rarísimas excepciones, no vienen solos, sino que tiene tributarios que le aportan agua.


Este enjambre de venas abiertas a priori es el vergel que todos deseamos. Incluso cuando vamos de vacaciones donde haya un río o laguna, lo primero que hacemos es llegar hasta la costa y mirarlo. Luego empezamos a bajar las cosas para el día de campo, pero siempre cerquita del agua. Hasta los que acampan lo suelen hacer tan cerca, que a veces corren peligro por las subidas repentinas de los ríos.

Pero parece que en las grandes ciudades los arroyos molestan. Yo vivo en Buenos Aires, ciudad capital de Argentina. Ésta fue fundada (dos veces) en un lugar óptimo, gracias al Río de la Plata que daba vía libre para cruzar el océano Atlántico, y al Riachuelo que les proveía de un puerto natural seguro.

Pero lo más importante para vivir a diario, era la pureza de sus aguas. De ellas se servían para beber, pescar, lavarse y descargar sus desperdicios. Estos dos ríos no estaban solos, por el contrario, son ocho los arroyos que descargan sus aguas y atraviesan la Ciudad de Buenos Aires: Cildañez, Elía, Maldonado, Medrano, Ochoa, Vega, White y Raggio. De todos éstos los únicos que se pueden ver son el Raggio y los últimos 800m del Cildañez. El resto pasa por debajo de calles y avenidas sin la menor idea por parte de los habitantes.

Todos estos arroyos están entubados, ¡sí! Previamente han pasado por algún proceso de rectificación o modificación de sus cursos naturales y luego se tapan, no más arroyo. Y no es un invento de Buenos Aires, es una idea heredada de Europa donde se han usado a los ríos y arroyos como meras canaletas urbanas. Lugares donde los ciudadanos escurren el agua que les “sobra” de las lluvias, e incluso piletas o el lavado de sus vehículos.

La sola estructura paisajística de un arroyito, con su hilito de agua, sus costas verdes y las riberas arboladas, es centro de atracción y paz instantánea. Aparte de los miles de servicios ecosistémicos que brindan. Entonces: ¿para qué entubarlos? ¿Cuál es el propósito de cercenar un privilegio natural? ¿por qué seguimos sin alimentar a nuestra “gallina huevos de oro”? se nos va a morir y con ella……nosotros.


Debemos replantear las ciudades desde la lógica más natural, o ecológica. Y no estoy hablando de un mero esfuerzo hipista, que no me parece malo, lo planteo desde una necesidad primigenia. Si vinimos y vivimos millones de años EN la Naturaleza, ¿cuál es el sentido de apartarnos de ella?

Repensar las ciudades en conjunto con sus cuerpos de agua, es remeandralizar los arroyos y extubarlos. Volver a tener los hilitos de agua con sus riberas “desprolijas” a la vista, pero llena de vida.

Repensar las ciudades es reeducar y educarnos a diario con el solo hecho de ver qué descubrimos en aquellos lugares que no podemos pisar, pero están llenos de vida. Dejar de pensar solamente en construir casas, calles o edificios, construirnos como lo que realmente somos: un pedacito de la Naturaleza.