La resiliencia de la tuna

Por: Gisela Edith Giacometti (@sumithaonline)

Seguramente conocés al “Árbol de Tuna”🌵. Se lo conoce científicamente como Opuntia elata, y es un arbusto nativo robusto, que pertenece a la enorme familia de los cactus sudamericanos. Sus hojas son de un color verde vibrante, redondeadas como gotas, carnosas, con espinas y muy fuertes pero, al tocarlas, pueden desprenderse muy fácilmente.

Si a esa hoja la dejamos sobre la tierra, desarrollará unos filamentos muy delgados pero bien orientados con los que poco a poco, pero de manera firme, se sujetará a la tierra; al tiempo aparecerán unas muy pequeñas pencas (que es el nombre específico que reciben las hojas de esta especie), dando a lugar a un nuevo ejemplar.

Cuando notamos por primera vez este fenómeno, dispusimos una paila (maceta con forma de palangana) de cemento exclusivamente como estación de propagación, para ver qué pasaba: cuántas pencas “prendían”, observar en qué casos no sucedía, y tratar de detectar qué variables operaron diferente en el proceso como para que unas prosperen y las otras no. A su tiempo cada una de esas hojas prosperó dando lugar a un nuevo ejemplar.

Hicimos extensiva esta experiencia a todos aquellos pedacitos de planta que se soltaron en el jardín. No todo prosperó, pero sí tuvo algún destino: ser compostado, por ejemplo.

En el proceso aprendimos cómo cada aparente calamidad en la naturaleza es una nueva oportunidad. Donde cada hojita forma parte de una misma planta, pero trae consigo todo lo necesario para afrontar la adversidad del desprendimiento y devenir en un ejemplar nuevo, completo y saludable. Esta forma de resiliencia nos resulta asombrosa.

En lo cotidiano de la vida, está la posibilidad de tomar a cada circunstancia como una oportunidad. A partir de cosas tan sencillas como por ejemplo elegir si la hojita caída va a la tierra, al compost, o una vez seca la usaremos como mulching para que colabore en la conservación de la humedad en los días más secos, o del calor en los días más fríos.

Pienso que nosotros somos un poco como las hojas de este cactus. Somos resilientes. De alguna manera encontraremos cómo regenerarnos. Una sabiduría interior que es parte de nuestra “semilla”, nos acompaña. Y cada semilla… sabe cómo llegar a ser árbol.

¡Feliz primavera!






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